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No te encuentro

Y cuando no estás, te juro que te invento. 

El aire resuena y las palabras se lleva. Borrosos paisajes, preciosas mentiras, eternos mediodías de cada ciudad perdida. Y aún así. Y aún así, es como te digo. Las montañas de tus lágrimas, erosionadas por el paso de las tristezas, inolvidables dolores de alma, conocidos ya, familiares ya. Y yo me convierto en herida, y tú en sangre, somos dos, somos uno, somos dolor y no hay nadie que lo calme.

Antes iluminaba, ahora quemo, desde los huesos hasta las entrañas, quemo. Sé mis cenizas pues.

Te esnifaré y me colocaré de ti 
y será todo precioso porque estás otra vez dentro de mí.


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Inocencia


¿Qué estropearía lo roto e insoportable, aún sabiendo que no existe el más mínimo detalle de dolor o carencias de lo maravilloso? ¿De veras crees que podría coger tu mano y realizar mil poemas pensando que mañana dejaré de sostenerla? Cruel divinidad, que piensa siempre lo peor, reiteraría cien veces las palabras que más repetí en toda mi vida, pues aunque no sean las más hermosas, sí las más ciertas y hacendosas. Y ¿por qué debería hallar consuelo en el dolor ajeno si no atiendo a razón, cuando no puedo silbar por amor? Hago referencia a ese dolor del que yo estoy falta, y falta no me hace conseguirlo. Quisiera saber el porqué de mi suerte. Es que ¿acaso soy yo otra simple marioneta? Me ruboriza pensar que la vida me utiliza. ¿Tan importante soy, en tan alto escalafón me hallo? Qué estupidez, yo siempre fui un mísero punto en tus lineas, querida casualidad. Rozando mis labios descríbeme que me depara, pues yo sólo te sabría decir lo que ya todo el mundo sabe. Claro que echo de menos la intimidad, oh, por Dios, ¿no lo ven? ¿no se dan cuenta de que eso ya no tiene importancia? Vaya, todos sabemos que extrañar eso es menos doloroso que extrañar esto que poseo. Mi vida entera hubiera dado si cualquiera me lo hubiese exigido, tan sólo por poseerlo. Es la esencia de la esperanza de toda persona, todo ser, cada alma. Y yo soy su dueña.

3 years ago.
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Ficción


Mejor dejo de leer historias ya, que estoy harta de no ser protagonista e inventarme mil cuentos para existir aunque sea en mi cabeza. Miro demasiado al cielo, me como demasiado las uñas. Soy la imperfección de cualquier pasado perfecto, de cualquier tiempo verbal, de cualquier tiempo pasado fue mejor porque lo mejor no existe si no tienes a nadie con quien llorar.

¿Y por qué todo esto? ¿y por qué ahora? Empecé a leer un libro, ya saben, de éstos que empiezas por aburrimiento y acabas por muerte súbita de tanto que te hace revivir. Empecé a leerlo y me absorbieron las páginas. Me hicieron cortes en los brazos y aún me tiemblan las pestañas. He llorado encima de ese libro, más que sobre cualquier hombro. He amado dentro de él. He acabado odiándome por no leer cada párrafo dos veces, por no memorizar, por no besar cada letra y amar como se merece cada capítulo. Lo he leído entero, de arriba abajo, y no le encuentro final. ¿Qué final va a haber? ¿Cómo se acaba algo que no sabes ni por dónde empezar? Verán, este libro no es libro, es algo más. El libro es su piel y es el lienzo de verdades que siempre estropeo con la media sonrisa que le emboba. No es sólo eso, no, es más. Son mil historias en una y doscientos viajes por lunar. Ese libro es Besar. Es la palabra, es el concepto, es el 'te quiero pero no vuelvas más'. Es un dolor punzante en la tinta que no puede terminar de perfilar el punto y final.

Y taladrar a bocados los versos que no me regalas.
Y que me comas la boca como te comes la cabeza.
Con tu sonrisa de doble filo.
Con tus ojos color dolor.
Y sin nada.
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Mátame

Miénteme en el agua
ahógame en palabras
Recítame en versos
y los besos te los guardas

Quiéreme
piel a piel
No me tengas por tener
No me robes
no me duelas
pero duéleme bien

Suspírame
en un par de miradas
Fusílame
cada mañana

Piérdeme entre las sábanas
me encuentro en tu ombligo
que me encuentro rápido
si me encuentro contigo

Intoxícame
con minutos de juguete
en nuestro castillo utópico
tras un foso y ningún puente

Retuérceme entre tus brazos
asfíxiame sin querer
mírame como nunca
mátame como cada vez
11/11/11
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¿Dónde?


Bajo mi piel, bajo mis entrañas, bajo la sangre, muy al fondo de las mentiras, detrás de todos los sentimientos, casi al final de mi dignidad, ahí, ahí creo que puede estar...

Llegan los malos momentos, los peores inviernos, las noches de celos, las tardes sin vernos. Inféctame. Para poder soportar cada segundo y recordar que mis ojos te ven sin tocarte, que mi llanto sólo sirve para atragantarte y...

...gritar y gritar, hasta quedarme sin aliento. 
Por decir su nombre, por gritar al aire, por llorar casi sin saberlo.

No volveré a buscar en mi sombra, no volveré a querer en el recuerdo, no volveré a olvidar mis mandamientos. No volveré a ser cauce de las emociones que me obligan a desatar mis temores, ni a aterrorizarme con mi reflejo, ni...

Voy a dejar que el cielo me aplaste con su infinidad, que me arrope con las nubes, que me ahogue con la lluvia. Y dejarme llevar.

Porque no sé, no sé dónde está... Porque vuelvo a no ser.

Escala de grises

Y tu sonrisa iluminando la escena del crimen. 

Yo nunca fui, yo nunca soy, yo nunca seré para ti lo que tú quieres que mienta con los ojos. Deslízome entre tus dedos, me caigo, me deshago, me desahogo y te reencuentro con los brazos abiertos. En un abrir y cerrar de alma, volvemos a estar tú y yo. Con las manos manchadas de sangre, sí, pero tú y yo. He empezado a escribir un diario, ¿sabes? Intento contar las veces que me hiero, las veces que te hiero. Cuento mis latidos, los apunto. Y, vaya, aún no apunté ninguno. Es curioso que todo esto, que parece tan celestial, tan ajeno y mágico, esté fabricado con los retazos del infierno del que conseguí deshacerme. Brevemente. Creo que he vuelto a no ser nadie. Sólo carne, sólo hueso, sólo suya, sólo besos. ¿Y qué ser si no? ¿Un eterno retrato del perfecto ser humano? ¿Una persona humilde, con unos principios bien asentados? Prefiero evitar el sucidio ahogándome en su saliva. Disolverme, esparcirme, mezclarme con la nada empapada de sudor y de miradas.

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Piel transparente


Mis miradas fingen no tener orgasmos cada vez que te paseas por ellas, mis dedos callan todo lo que mi boca tartamudea. Flirteo con el dolor punzante de un futuro descabelladamente incierto, y me rindo, sola y magullada, ante este cruel invierno.

Me he preparado para el más frío sudor, para la fiebre más violenta, pero no consigo hacer desaparecer mi transparencia. Quiero quedarme con algo, conservar para mí sola un trozo de mi ser, el cual regalo con una facilidad pasmosa. Creo que no me he explicado bien. Quiero que me vuelvas a querer.

He leído todos esos libros que hablan de amores eternos, de rosas, de besos, de infinita comprensión, de abrazos sin final, de amor, de amar, y qué más da. No existe nada de eso, nada de lo que escriben es real, porque ninguno de esos escritores te ha conocido. No pueden describirlo. No conocen esos labios, ni el idioma de tus miradas, no entienden el calor que me regalas, ni los escalofríos de tus palabras, ni tu voz acariciando la oscuridad para explicarme que me amas.

Y sigo llorando por los trozos de alma que he perdido por este pedregoso camino, sangrando sin cesar a cada paso, sufriendo por cada minuto que soy feliz. Me declaro enteramente culpable. Condénome a sonreír.


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I had to fall, to lose it all


Noches de besos rotos y de amor en pura pasión. Frenesí desatado en miradas perdidas, especulando sobre inciertos futuros dolorosos y prematuros. Limpios cuerpos, sofisticadas caricias y suspiros retorcidos. Casi lágrimas. Dolor del que se besa. Frío ardiente en cada poro de piel sin tocar, en cada centímetro de alma por recorrer. Gemidos en si bemol, melodías espontáneas, perfectas composiciones. Manos que se pierden. Las palabras que se lleva el viento y todas las que se deja sin llevar. Roturas fibrilares en las pupilas de nuestro interior. Pensando lo que es, y lo que no será. Pensando en la volatilidad de nuestros actos, el dolor de la prospectiva. Pedazos de poemas por las paredes, escritos en besos y sangre de los desgarros en nuestros sentimientos. La crueldad de los relojes que llevamos tatuados haciéndose patente tras cada roce de labios. Se respira adicción, miedo y demasiada esperanza. Los rayos de luz cegándonos desde la ventana, retándonos a no terminar nunca la noche.

Es físicamente imposible que estemos juntos y químicamente imposible que estemos separados.

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Lo que nos separa



Lo que nos separa son simples palabras. Es el aire entre terrenos y el vuelo de mil especies. Lo que nos separa no es real. Son vías de tren y el beso de mil parejas. La incertidumbre, la inseguridad y todas las sonrisas. Lo que nos separa no es nada. Son 500 kilómetros y tus pantalones. Son los suspiros que no me puedes dedicar. Lo que nos separa somos nosotros, físicamente, cuerpos estúpidos poseedores de bellas mentes. Lo que nos separa es inútil, porque nada nos separa.

Es el miedo y la incredulidad. Lo grande que nos viene todo y las ganas de llorar. Lo que nos separa no existe, porque no existe nada más. Odio ajeno, millones de personas, wi-fi, Twitter, 3g, televisores en HD y todo lo que no ves. Lo que nos separa es el tiempo, el tic tac, las miradas de reojo al calendario, el 24, el 25, el 26, el 27 y todos los 28 de cada uno de los meses. Son las tiendas, es la sociedad, la compra-venta de cualquier moral estúpida, el perder la dignidad en cada bar. Los abrazos que no me puedes dar.

Lo que nos separa no es nada, porque nada nos separa.


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Silencio


En las miradas de la gente, en el tacto de lo incierto, en un futuro imprevisto y en cada una de las malas decisiones.

Que los cafés los carga el diablo y tus labios son un terreno por explorar.

...Y despertarnos bien tarde para conocernos con las manos es una regla inquebrantable.

Somos como una tarde de invierno, como un vendaval sin frenos. Dos esculturas de hielo arropadas de calor hasta las cejas. El huracán. Los besos que te doy si me dejas.

Fue más de lo que nadie sabe. Sigue siendo incluso ahora. Me pegué un atracón de ti y aún tengo el sabor en la boca. 

Y tengo un miedo irracional. Mis escalofríos predicen que todo saldrá bien, mis entrañas que todo saldrá mal. Pero no creo que haya ninguna etiqueta moral en todo esto, ni bueno ni malo, simplemente perfecto.

Cuando estoy cegada soy mucho más feliz.

Cuento el tiempo en horas, minutos y suspiros. Que mi corazón ya sólo hace "tic toc" de tanto esperar. De tanto desesperar.

Espero lo fugaz, espero lo efímero, espero esos suspiros recreados en la memoria y nunca en el olvido. Un par de besos eternos. Esa conexión inevitable, esas miradas de sinceridad irrefutable. Tus manos. Mis ganas. Mi sonrisa y tus palabras.

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It doesn't hurt me

Quiero retorcerme entre tus brazos
Volver a quererte a base de gemidos
Beber de tus latidos
Sudar en tus sentidos.

Quiero acariciar tu piel,
que ya es enteramente mía,
y que me regales media sonrisa
y esa mirada repleta de picardía.

Quiero poder creer que no hay final
al menos mientras me grites al oído
que quieres más  y más.

Sentir tus escalofríos
Recorriendo tus suspiros
Y más tarde, los míos.

Quiero poder creer en tus besos
Que es en lo único que tengo fe
Y rezar y rezar, quizá en exceso
Cada vez que me quieras querer.

Arañarte hasta en el alma
Hacer que sangres de tanto amar
Moler tus huesos a mordiscos
Que sé que te encantará.

Derretirte en placenteras utopías
Conseguir que me quieras así
Todos
 Y cada uno
De mis días.
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Estoy escribiendo un libro

Y se titula "Cómo te amé".
Estoy escribiendo un libro que nunca podré leer.
Y me tiemblan las manos y las piernas,
y me duele la cabeza y tus cuerdas;
Y sé que nunca terminaré el libro que jamás empecé.

Me retiro, acobardada, de una batalla meramente emocional
de tus latidos, ya reubicados en su lugar original
Perderte, y perderme, ambas cosas son lo mismo,
desaparecer, desaparecerte, y pensar que siempre estás conmigo

He creado este paraíso ficticio en el que sólo estoy yo
componiendo canciones que nunca te canto
en las ruinas de un edificio que nunca se construyó
para poder decirte que más no, que más no...

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Una noche más, una noche menos


Y me encuentro triste y sola ante un paraíso desperdiciado. Tengo en mis manos el poder de dar un vuelco a todo y recuperar mi fe en el mundo pero...

Me encuentro otra vez, en otro tren sin dirección, en un viaje sin destino, en una carrera sin meta y ningún espectador.

Esperando que me despierte el suave aroma de su veneno recorriéndome. Gritando que no me suelte. Gritando en un idioma que no comprendo.

Es la única manera de salvarme de este vacío tan insalvable.

Y todo es tan de mentira. Las casas, las ideas, todas las cosas. 
Pero esto no.

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Cómo ser lo que quieres que sea


Y seguir siendo yo.

Esta es una historia de ciencia ficción. Ella llevaba brackets y él sólo un corazón. 
Las entrañas del uno se trenzaban con el amor del otro y su dolor.
Repitió cien veces tercero de relación.

Rompió a llorar cuando supo quién era yo.


Y poner la música a todo volumen...

I'm so lonely. And that's ok.
I shaved my head. And I'm not sad, and just maybe
I'm to blame for all I've heard. And I'm not sure.
I'm so excited. I can't wait to meet you there.
And I don't care. I'm so horny. But that's ok. My will is good.

Y sentir que todo esto va a acabar. Que nunca nada empezó. Que me he tomado todo este tiempo para lamerme las heridas y no está funcionando, el alochol me lo bebo y hasta el betadine. Que soy yo la enferma y mis uñas están ya cansadas de rasgar mi piel.

Me voy a retirar de este juego, de estas peleas. Que no soy un gato en celo y estoy totalmente preparada. Ya no voy a esperar más a que las cosas me pasen, voy a pasarles yo a ellas. 

Soy un incendio para mí y para todo lo que está a mi alrededor. Necesito protección, un guardaespaldas, medicinas especiales que me saquen de aquí. Todos sabemos que no puedes perder algo que nunca has tenido. Y yo nunca he tenido nada, pero siento que lo estoy perdiendo todo, que me estoy perdiendo a mí.


Y todo esto es un arma cargada.

Yo lo soy, y mi cabeza.

Mira lo que has hecho, mira lo que tu voz vomita. Mira en lo que te has convertido. Has ido aplastando ese corazón poquito a poco, dejando que la sangre recorriera tus manos aparentemente inocentes, y cada gota te ha hecho más culpable.  Y cada gota te ha llenado por dentro de dolor. Eres un saco de emociones estropeadas, sentimientos sin compartir y recetas para sufrir. La gente como  yo no debería existir.

Voy a retorcerme un poco más, a ver si cambio de perspectiva. Sólo consigo romperme más.

Voy. A. Apagarme.
Voy a dejarme llevar.
Voy a dejar de
...
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Anoche te vi


Te vi entrando en mis sueños, y colándote en mi alma. Anoche dejé de ser yo para empezar a ser tuya. Me derretí en tus brazos, me reinventé en tus ojos. Anoche no existí más que en tu cabeza. Y soñé que te reías, y soñé que me querías, y soñé que mi cabeza no volvería a ser mía.

Anoche te desvestí. Te recorrí, te conocí y nada más al despertar te perdí.

Anoche te quise. Y nunca más te volveré a querer.

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Heaven


Where is my angel?
I need her now
Holding me

Eran las tres y media de la mañana y el mundo ya no tenía nada que ofrecerme. Con los ojos cerrados y deseando dormirme escuché sonidos de risas acalladas y tacones que provenían de la cocina. Demasiadas risas. Se suponía que una amiga vendría a dormir a mi casa este fin de semana, pero sonaba a que había más de una persona. 

Me levanté sigilosamente y los sonidos cesaron. Vi una luz encendida al otro lado del biombo de la cocina y me puse detrás sin hacer ningún ruido. Por las estrechas rendijas contemplé la otra parte de la cocina, donde solemos comer y ver la tele. Estaba mi amiga, y como ya sabía, no estaba sola. Sus brazos entrelazaban una figura esbelta, bastante más alta que ella, de pelo enmarañado, negro, quizá tintado. No podía distinguir su cara, ya que formaba una sola forma con la cara de mi amiga. Se entretejían en una sola persona besándose apasionadamente. Sus brazos se buscaban entre sí, sus manos se recorrían sin cesar. Sus labios no se distinguían. El calor que la escena emanaba llegaba hasta mí, haciéndome partícipe de tan inusitado evento. Y en mi propia cocina. No sabía si enfadarme o agacharme y dar media vuelta.

A regañadientes despegué mis ojos de aquel momento, que debía ser privado, y me di la vuelta silenciosamente para volver a mi oscura y triste habitación. Me acosté en la cama. Me tapé con la manta. Cerré los ojos y comencé a soñar despierta. Me imaginaba que la que besaba aquella misteriosa silueta era yo. Que zambullía mis manos en su cabello y que nuestro aire era el mismo. Que respirábamos agitadamente, que nos conocíamos con las manos, para siempre, como nunca. Que no llegábamos a vernos, porque no abríamos los ojos, que me tocaba, que le gustaba y que no quería que terminara. Que aquella tenue luz nos envolvía como un manto de seda, arropándonos en pasión, ahogándonos en placer. Imaginé lo inimaginable.

Esto no podía seguir así. En un presente de un mundo paralelo a este, yo estaba enamorada del chico perfecto, con un cuerpo perfecto, una personalidad perfecta y que me trataba perfectamente, y tenía que volver a ese presente. Porque esto no podía ser. ¿Desde cuándo iba yo besándome con figuras extrañas en los rincones de mi imaginación? Me levanté dispuesta a ahogar mi cara y mis absurdos pensamientos en el agua purificadora del lavabo.

Con unos pasos más que silenciosos me aproximé al baño más alejado de la habitación donde tenía que dormir mi amiga. Le di al interruptor que encendía solamente las luces del espejo para que mis dilatadas pupilas no se quejaran y entonces lo vi. Era el cuerpo más hermoso que había visto nunca. Al principio me fijé sólo en su cara. Rasgos finos, casi afilados, nariz pequeña, labios carnosos. Ojos azules, o verdes, no lo sé. Un color precioso. Tenía ese pelo que tan palpado estaba por mi imaginación, despeinado y mojado, goteando sobre sus hombros. 

Después de dar ese fugaz repaso a su belleza facial, bajé un poco la vista y comprobé que no llevaba nada puesto. Supuse que había estado duchándose. No lo sé. Quizá aun estuviera soñando. Pero eso no fue lo que culminó mi asombro. Mis ojos no habían querido comprobarlo pero pronto me di cuenta de que era una mujer. Mi mente había deslizado su andrógina belleza al lado masculino, pero sus pechos, firmes y que no pasaban la 85, me indicaban que su portadora era una fémina. Delgada, muy alta y guapa en exceso. Llevaba tan sólo un culotte negro que cubría lo justo, justísimo para que no saliera gritando del baño.

- Qué... impresionante - musité.
- Soy muy alta, lo sé - Afirmó con autosuficiencia y una media sonrisa muy sexy.
- No me refería a... - No quise acabar la frase. - Eres muy guapa. Y guapo. Eso es. - Seguramente se lo tomaría como un insulto y se iría llorando de ahí y no me querría ver nunca más y olvidaría ese momento para siempre y yo volvería a mi mundo paralelo con mi novio perfecto y mi vida normal.
- Muchas gracias, supongo. Tú eres más que guapa. - Entonces reparé en sus ojos, que comenzaron a recorrerme ávidos de conocer cada rincón de mi cuerpo. Primero me miró los ojos, que estarían vidriosos y dilatados, después se fijó en mi cuello, del que colgaba un collar de plata, fue bajando y descubrió que sólo llevaba puesta mi camiseta de tirantes de dormir y unas braguitas azules. Eso pareció encender su mirada.
- Bueno, vale, gracias, me tengo que ir y todo eso. - Dije, sin mucha seguridad en mí misma. Me di la vuelta y me quedé muy quieta.

Comencé a sentir su aliento en mi nuca. Un escalofrío me recorrió desde su boca hasta mis talones y giré un poco la cabeza. Sentí su cuerpo cerca del mío, el calor inundando cada poro de mi piel. Sus labios, inmóviles, me respiraban demasiado cerca de la oreja. Mis delirios comenzaron a ser presa de la excitación y me puse frente a ella. Cuerpo a cuerpo. Miré un poco hacia arriba para encontrarme con su mirada, que me atravesó como un rayo de luz, quemando hasta el más sensato de mis pensamientos.

Reconozco que me habría gustado sentir su erección presionando mi piercing del ombligo, como me solía pasar con los chicos con los que estaba. Pero eso se compensaba con creces con esa piel tan suave, con esa cara tan lisa y esa mirada felina. En ese instante, y surcando mis dudas y pensamientos, se encorvó un poquito para poder llegar a mí y sus labios comenzaron a beberse los míos de la manera más sensual que jamás había vivido. Eran húmedos y suaves. Sentía su color rosado a través de mi piel y mi cabeza empezó a escaparse de la tierra para hacer un viajecito por las nubes.

Con sus fibrados brazos me cogió en peso y me sentó en el lavabo. Mis piernas se agarraron firmemente a su cintura y nuestro eterno beso se volvió más acalorado. La rapidez de nuestros movimientos aumentaba a la misma velocidad que la agitación de nuestra respiración, la cual pronto se convertiría en gemidos. Sus manos acariciaban cada parte de mi cuerpo: mi cuello, mis pechos, mis caderas, mis muslos; y la situación era cada vez más incontenible. En el segundo que separó sus labios de los míos me arrancó de un zarpazo la camiseta y juntó su torso con el mío. Nos dimos un segundo de descanso para sentir la situación. Me miraba fijamente, respirando rápido y fuerte. Su cuerpo estaba demasiado mojado y el mío demasiado caliente. Sentía que iba  a estallar en cualquier momento.


La lujuria volvió a apoderarse de sus acciones y mientras me besaba, comenzó a hacerme suya con caricias por encima de la tela. Yo ya no sabía ni en qué mundo estaba, ni qué estaba sucediendo, sólo podía gemir mientras ella intentaba besar mi boca abierta.

Empezó a lamer mi cuello, bajando lentamente, dibujó mis senos con su lengua y su mano libre trazó un camino desde mi nuca a mis caderas. Mis gemidos eran cada vez más audibles pero mi razón estaba en algún sitio jugando al póker sin ningún tipo de preocupación sobre si nos estaría escuchando mi amiga o no. Y entonces ocurrió. Mi misteriosa amante introdujo su mano por debajo de la tela azul y no sé lo que hizo ni cómo pero yo ya no podía más, comencé a gritar sin contenerme. Lo hacía demasiado bien, demasiado lento, demasiado rápido, demasiado húmedo.

Fue entonces cuando mi cuerpo empezó a sufrir placenteros espasmos y el disfrute se hizo insuperable. Con gritos sordos, tapados ahora por su mano izquierda, alcancé el mejor orgasmo de mi vida. Quitó su mano de mi boca y la sustituyó por sus labios, que me besaban ahora de la manera más dulce posible. Abrazándome como si me amara, me aplastó contra ella y susurró - Eres un ángel -. Cuando me soltó fue como si me arrancaran una parte de mi cuerpo. Se dio la vuelta, se puso una camiseta y se marchó de mi baño, de mi casa y de mis sueños.

Un buen día


Un buen día en el que me acompañe la banda sonora de tus gemidos, en el que tus miradas sean francas y mis piernas no tiemblen. Que digas te quiero sin yo temer, que digas te quiero y no te quiero perder.

Un buen día en el que la luz brille, el sol me mire y la piel no me escueza. Que mirar no duela y el aire nos recubra por igual, sin asfixiar.

Un buen día en el que mis palabras se retuerzan,
que no tengan razón,
que no tengan final.

Un buen día que jamás existirá

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Esto no es real


Esto no es real
me repito mientras pasan los días
esto no es real
sólo el prólogo de lo que será mi vida.

Burdo y constante como un puñetazo
como cada segundo en ti
como cada vez que te amo
y cada silencio desde que te vi

Fino y redundante
como el humo
como tus pasos
como mis besos
como el alambre

Sentido
como el dolor
Arañado
Como tú y como yo
Vejado
y solitario


Nada existe si no miras.

Bisturí

Destrípame que quiero sangrarte todos estos renglones en la cara. Huye de mí con todas mis armas, que no vale de nada. Porque ya no me importa.

Quiero que te sientas culpable de cada lágrima derramada, de cada promesa rota, de cada gota de sangre desperdiciada. Y es que esto no es más que el principio del fin, otra historia más que no merece ser narrada. Pero aquí estoy yo escribiendo con mis dedos maltrechos y corruptos a lo largo de tantas decepciones, que han escrito más de lo que jamás le desearía a nadie. Y aquí estoy yo. Sola. Encadenada. Deshilachada y desaprovechada.

Que sigo siendo aquella niña estúpida, no te lo niego. Pero ahora cuando me castigan ya no lloro, me corroen por dentro todas las lágrimas que no expulso y, como ya sabes, me dan alergia. Casi tanto como tus besos. Soy amarga hasta la médula y no soporto el calor humano.

Y no estoy aquí para quejarme, sino para dejar constancia. Los hechos son muy distintos a lo que mis manos os cuentan, mis manos no escriben, mis manos lloran, y yo lo siento.

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