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Me caí del espejo


Me tropecé con mi aura, me ahuyenté a base de verdades que nunca quise conocer. Y retorcidas las pestañas, nada queda, sólo un millón de vacíos llenando la mísera discordia entre el hueso, la carne y el alma. 

Me quedo muy quieta. Perpleja. Mirando a mi alrededor. Sólo consigo contemplar la indiferencia de mis sentidos hacia el mundo que nos rodea, el dolor de que no haya dolor, porque no hay nada. 

Sólo soy un ser vivo, que no viviente, insertado en este mundo por casualidad, seguramente por error. Y sonrío. Porque sí, me caí del espejo, pero al menos conseguí no quedarme dentro.


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Stop


Vuelvo a recorrer descalza el sendero fabricado con pinchos que recorre el laberinto de un cuerpo que nunca será enteramente mío. Me miro fijamente a los ojos, intentando desatar las manías que me oprimen y los miedos que me impulsan a cerrar mis párpados y no volver a reflejarme. Los pasos son cada vez más cortos, la respiración más entrecortada, y tras la puerta, puedo escuchar tu aliento. Diciéndome 'ven'. Diciéndome que me vaya. Escucho los susurros que me mantienen cuerda mientras mi cabeza trata de desaparecer, de correr hacia un universo paralelo inventado en los sueños que siempre recuerdo. Y retrocedo. Retrocedo porque no puedo seguir, o porque no sé cómo termina la canción. Es probable que nunca la haya escuchado. Todas estas falacias, todos estos intentos, cada recreación casi satánica de figuras imaginadas, me atan a un mundo del que debería salir. ESTOY PROHIBIDA. ¿Lo entiendes? Soy la droga que me fumo cada día, y mira si he acabado mal. Soy las venas de una muñeca de porcelana, el pelo lacio, las ojeras, las miradas caídas y el mal. El mal en sí. El mal en mí.

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Una noche más, una noche menos


Y me encuentro triste y sola ante un paraíso desperdiciado. Tengo en mis manos el poder de dar un vuelco a todo y recuperar mi fe en el mundo pero...

Me encuentro otra vez, en otro tren sin dirección, en un viaje sin destino, en una carrera sin meta y ningún espectador.

Esperando que me despierte el suave aroma de su veneno recorriéndome. Gritando que no me suelte. Gritando en un idioma que no comprendo.

Es la única manera de salvarme de este vacío tan insalvable.

Y todo es tan de mentira. Las casas, las ideas, todas las cosas. 
Pero esto no.

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Sólo me dormiré cuando...


Sólo conseguiré dormirme cuando encuentre a los monstruos que acechan en mi habitación. Conseguiré relajarme cuando sepa que están bien. Dejaré de preocuparme cuando sepa que dormirán conmigo. Me dormiré tranquilamente sabiendo que están bien mis únicos amigos.

A veces deseo extenuarme, abatirme, para volver a perecer.
A veces te mataría simplemente por saber lo que es.
Son estos días en los que la vida significa mucho menos que un papel,
estos días de sobriedad en los que más que en ningún otro,
tengo que fingir que me siento bien.

A veces deseo exfoliarme de este mundo tan rastrero,
que me siento sucia,
me siento violada,
cada vez que cuento otro enero.

De veredicto culpable y rebelde de cajón. No soy más que lo que todos ven y al revés. Soy más de lo que jamás seré.

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Imsomnia

Demasiado rara para ser normal, demasiado débil para ser actriz, demasiado estúpida para ser egocéntrica y demasiado niña para el mundo real.

Y con esto de desempeñar el papel de "persona" día tras día me estoy desgastando... No lo hago demasiado bien, a decir verdad, no lo hago como todos los demás. Falta de práctica, quizá. 

Cada vez que abren el telón me siento un poco menos humana y un poco más espécimen de feria.
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