Parece que fue ayer cuando empecé a dar tumbos de un lado para otro, cuando decidí dejarme llevar por la nada. Y es que siempre fui así, vagabunda de las emociones, pero qué se le va a hacer, otros nacen rebaño, que es bastante peor. Y más tarde me di a la lectura, sí, como quien empieza a drogarse; y me drogué, me drogué, no saben cuánto, una barbaridad. Escapé de la realidad, así, tal cual. Me creía libro, me creía princesa, me creí mil cosas y ahora... ahora qué. Ahora salgo y no hay nada, las calles son incoloras, es increíble esto, la gente también lo es. ¿Qué sentido le ven a todo? ¿Qué sentido le encuentran? Ir a tomar un café, salir un sábado, fumar, beber, follar. No lo entiendo. No hay magia si la capacidad intelectual es nula. Creen que son felices, insensatos animalillos, creen que existen. Pero no son nada. Y lo escribo negando con la cabeza, porque es la mayor verdad que dije nunca: No Son Nada. Y lo peor es que no lo quieren ser.
Tanto tiempo pronunciando la palabra patria,
agitando banderas,
coloreando mapas,
sin saber que serían tus manos las que pondrían límites a mi geografía,
que...

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