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Hipocresía naturalmente

Me pregunto cómo cambiará el mundo de aquí hasta que muera. Cuánta degradación seré capaz de ver. Cuánto odio podré acumular hacia el ser humano, en el cual me incluyo, que tanto daño hace a nuestro insignificante pero hermoso planeta. Me pregunto si la conciencia de la gente está limpia, si hay cosas más importantes en las que pensar. Es que tengo que estudiar, comprar, socializar... no tengo tiempo para pensar en lo demás. No es que no me importe que el mundo se vaya a la mierda o que la gente muera de hambre, es simplemente que le doy al off a esa vocecita y vivo un rato más feliz.

Que el dolor de espalda por estar 10 horas en esta silla sea en lo último que piense. O las marcas de ropa. O en dudas existenciales... cuando hay gente a la que no le da tiempo a cuestionarse la existencia. ¿Bien por ellos?

Bravo para nosotros. Viva el primer mundo y viva yo, cómo me quiero.

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Inimaginable


Él lo sabía todo sobre mí. A qué hora salía de casa, a qué hora llegaba a clase, a qué hora volvía, incluso adónde iba cuando faltaba algún profesor. O quizá era yo quien lo sabía todo sobre él. 

Cada mañana, al salir de casa, me sorprendía con una de sus maravillosas sonrisas. Hacía tiempo que me saludaba, sin venir a cuento, pues no nos conocíamos de nada. Él era el chico del callejón. Muchas veces le veía pasear a su perro, un husky siberiano de los más bonitos que había visto. Debía vivir cerca de mí. Al pensar eso me dio un vuelco el corazón, o quizá fue porque justo en ese momento se plantó delante de mí, como todas las mañanas. Sus ojos de un azul tímido se escondían tras un enmarañado pelo negro que dejaba entrever que odiaba la peluquería. Al sonreír se le veía el aparato de dientes, qué encantador. Su cara se iluminó de ilusión (o eso me pareció) al ver que le estaba sometiendo a un test visual. Quizá debería saludarle, decirle algo, no sé. Pero se me adelantó:

- Hola - Esbozaron sus labios.
- ¿Qué? - Soy estúpida, estúpida, estúpida, estúpida.
- Que hola - Su cara parecía un signo de interrogación abochornado.
- ¡Hola! - dije, dibujando una sonrisilla nerviosa en mi rostro.

Después de este accidentado saludo, se dio la vuelta y siguió su camino. Sus movimientos adormecidos se alejaban cada vez más y su aroma se notaba cada vez un poquito menos. Yo seguí andando sin darme cuenta de adónde me llevaban mis pasos. ¿Por qué me saludaría? ¿Saludaría a todos los desconocidos? ¿Acaso había visto en mí algo especial? No, eso no, imposible. 

Pasé otra mañana insulsa escuchando clases que no me interesaban y haciendo trabajar a mi cabeza en cosas que nada tenían que ver con el estudio. Pensaba cómo besarían sus labios, cómo me recorrerían sus manos. Me imaginaba cómo dibujarle mil mapas en su misterioso cuerpo. Pensaba en qué se sentiría al rozar mi piel con la suya, cómo sabría cada centímetro de su cuerpo. Pensaba en todo, menos en la realidad. Cuando sonó el timbre desperté de esta ensoñación tan utópica y me adentré de lleno en mis esfuerzos por continuar con normalidad mi vida real.

Y otra vez cayó la noche sin que hubiera sucedido nada importante en mi vida. Fui al lago, como cada vez que me deprimía. Casi a tientas conseguí cruzar el salvaje sendero que guiaba de mi casa hasta mi refugio personal del lago. Sólo era una especie de cueva hecha con ramas de árboles, capricho de la naturaleza, pero ahí me sentía segura. Ahí es donde iba siempre a escribir mis fantasías y mis temores. Sólo yo era dueña de ese lugar.

De pronto, entre las tinieblas, pude distinguir una silueta - ¿Quién anda ahí? - Pregunté, dejando claro a mi futuro asesino que soy una estúpida. Se me acercaba poco a poco, oía el crujir de las ramas a su paso y su respiración cada vez estaba más cerca. Y ese aroma tan familiar...

- ¿Qué haces tú aquí? - Le pregunté a mi fantasía de ojos azules.
- Pues lo mismo que tú, supongo. A no ser que estés matando a alguien - Sonrió. Y con esa sonrisa supe definitivamente que estaba enamorada.
- ¿Y cómo es que no te había visto antes por aquí? - ¿Pero por qué no paraba de preguntar cosas estúpidas cuya respuesta no me importaba?
- Sólo llevo dos semanas viviendo aquí - Las dos semanas que me llevaba sonriendo por los callejones del pueblo.
- ¿Y se puede saber cómo te llamas? - Nunca entenderé porqué me puse tan hostil.
- Paulo, ¿y tú? - Se me acercó un poquito más: lo suficiente para que me pusiera a hiperventilar.
- Lorena. Encantada de conocerte. - Y ahora sí, os presento a la Lorena más estúpida del mundo - ¿Por qué me espías, me sigues, o lo que sea que estés haciendo conmigo? - Dije con un falso ceño fruncido.
- ¿Acaso... - Se me acercó un par de centímetros más. Podía oír como latía su corazón. - ...tú quieres... - y un poquito más, casi al borde del infarto - ...que pare? - Cerré los ojos y me centré en sentirle. Podía oler su perfume de arándano, o lo que fuese, y su pelo me hacía cosquillas en la nariz. Tenía demasiado calor, y él también.

Respirábamos agitados cuando, casi como si fuera un descuido, sus labios cayeron sobre los míos. Era muchísimo mejor que en mis fantasías. Sus manos eran más suaves, sus labios más húmedos y su cuerpo más robusto. De vez en cuando dejaba de besarle para abrir los ojos y contemplar su belleza. - Le quiero. - Pensé. - ¿Cómo le puedo querer sin conocerle? - Pero cuando me abrazó me di cuenta de que le conocía mejor a él que a mí misma. Y que no querría soltarle nunca.


Yo.doc

Sí, estas son mis manos. Son las manos de alguien que ha asesinado brutalmente a su inconsciencia para poder superar sus miedos. Y esa sangre que chorrea entre mis dedos no es más que mi autoestima, hecha trizas tras una lucha frente a frente con la realidad. Mierda, ¿por qué no estaré loca? Esta cordura me va a matar, soy ignorante pero no lo suficiente, quiero dejar constancia de que...

Mi vida ha sido un camino tortuoso, es verdad, pero ésto sigue sin ser una nota de suicidio, por lo que aun quedan arduos caminos que recorrer, senderos que desgastar con mi bolígrafo y quizá algún que otro bache en el que partirme los dientes. No sé cómo explicarlo, aquí viene un punto y aparte en un párrafo más del diario de mis días.

Empieza un largo proceso de purificación, que serán los renglones que preceden a las mayúsculas. No sé que haré durante tantos caracteres en blanco, quizá me dedique a ver si puedo romper el bolígrafo que me lleva en volandas, quizá a matar el tiempo con mis manos, tan crueles como siempre.

Probablemente empiece un nuevo párrafo antes de lo debido, pero qué le voy a hacer, tengo alma de escritora en pena, aunque sea mal, tengo que rellenar folios y más folios de delirios y estupideces que nunca llegarán a un oído que los entienda.

Y probablemente el siguiente sea el último. Así que más me vale escoger una buena portada, una buena dedicatoria y poner una sinopsis por detrás en la que ponga:

"Aquí yace Sandra, escritora insulsa de pensamientos 
vomitados por sus manos asesinas"


2

Dream up

Cheer up

Turn me on

Just stay

  Make me go on

The way you do
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When you try your best and...


Me pasa todos los días... Ya sabéis a lo que me refiero. Eso de mirar a todos lados y sentir que no has hecho una puta mierda en toda la vida. Que eres inútil. Que eres débil. Y lo peor: que no piensas cambiar. Estoy harta de ser mi propio lastre. No se si es vagancia, pesimismo o es que soy realmente inútil (en el sentido literal de la palabra). Uf, es como si tuviera el alma hueca, guardando un ranchito especialmente grande para algo que NUNCA llega.

Y por fin ha llegado ese día, ese día lleno de fe en el que pido a un Dios impotente que me ayude, que exista por una vez en este universo lleno de basura espacial y consiga que deje de comportarme como una humana. Que ya sé que todo esto pasa pronto, que las palabras se la lleva el viento y eso que dicen de que "Ignorance is bless". Si ya lo sé. Y juro que lo intento. 

Pero ese agujero... me está matando.

Fue.


Fue ese día en el que te conocí. Las calles estaban vacías y el cielo estaba gris. Yo llevaba un vestido de verano y tú unos vaqueros y una mirada perdida. Te revisé de arriba abajo. No llevabas gafas de Sol, lo que implicaba que no te molestaba que esa luz tan irritante de los días nublados te cegara. Eso me gustó. No ibas del todo afeitado, tampoco llevabas barba. Un hombre normal, me dije. Y me gustó. En tu camiseta, raída por el paso de los años, ponía Rock'on. No supe muy bien qué significaba eso, pero ponía Rock. Y sonreí. Te sonreí por primera vez y sentí ese escalofrío de cuando te besan en el cuello, un poco de frío y algo de vergüenza. En seguida aparté la mirada de tus labios, en los que asomaba una leve sonrisa. Conseguí darme cuenta de que estabas pensando en mí. Ya no eras un extraño con el que me había cruzado, eras mi extraño. En ese momento sentí que me tatuaría mil frases por ti, que lo daría todo por verte feliz, que sólo conseguiría sonreír si eras tú el que me lo provocaba. Quería que me hicieras cosquillas, que me escribieras cartas. Quise, por un momento, que me amaras.

Sólo fue un cruce de miradas, un par de sonrisas y un poco de aire entre los dos, pero aún así... Se me desvanecía la felicidad cuando pensaba que no te volvería a ver. Que era una ciudad grande, que no te había visto antes. Que esto no podía acabar como empezó. Tenía que hacer algo, y entonces, lo hice. Tiré todos los libros que llevaba entre brazos, esos mismos que había apretado unos segundos antes al verte sonreír. Los esparcí como pude por todo el pavimento, con la esperanza de que te giraras a ayudarme. Te diste la vuelta, me miraste extrañado, pero ya no como un extraño. Me ayudaste a recoger los libros del suelo y los pedazos de mi vida. Reconstruiste por primera vez mi corazón.


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Odio ir a la peluquería

Es como si dejara mi vida en manos de un chimpancé.

Lo mismo me pasa en clase. ¿Profesor? ¿En qué universo te has sacado el título? Lo mismo pasa en el mundo. A veces me siento nazi, a veces prohibiría que algunos humanos se reprodujeran, porque sólo crean plagas. Puede que suene a alta autoestima, pero para nada. No me elegiría a mi misma en ninguna ocasión.

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